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lunes, febrero 21

Fénix Ad Infinitum

Fénix Ad Infinitum - Tinta sobre papel. 11.5x8.5"

Fénix Ad Infinitum: Boceto 10x7"

El pensamiento del Eterno Retorno, el ciclo de ciclos, es persistente en la filosofía humana desde hace 5,000 años. Si decidimos creer lo que dice el Bhagavad Gita, miles y millones de universos nacen y se extinguen como burbujas en la espuma del mar. Y dentro de cada uno de ellos habitamos nosotros; atados, al igual que nuestro hogar, a repetir revoluciones interminables de vida, de reencarnación.

A esto se agrega lo que creemos de nosotros mismos. Nos ponemos un disfraz nuevo, y creemos que ya hemos cambiado. Lo bueno de la reencarnación es que aunque no seas tú, sigues siendo tú. El hombre que se viste de ave; el ave que contiene a un hombre, o viceversa; ambos volando pero atrapados, enlazados a su disfraz, a lo que creen ser. ¿Cuál de todas nuestras máscaras es quien en realidad somos?

Somos quien se pone la máscara. Quien habita el cuerpo, y no el cuerpo mismo. Quien necesitaba expresarse, y no la expresión.

¿Renacemos? Sí, pero también nos destruimos.

viernes, diciembre 26

La Casa de Asterión


Hace ya varios años que George Frederick Watts pintó su "Minotauro", durante una época que se hallaba entre el idealismo que le precedía y la innovación que le había de seguir. Un tiempo después e inspirado por esa pintura, Jorge Luis Borges -tan fantástico como filosófico- escribiría el cuento corto que titula esta entrada.

Ahora presento este dibujo de autoría propia y de inspiración idéntica a la de Borges. Ambos tienen algo en común: la introspección. Sin embargo, es el autor argentino quien agrega profundidad al "egonauta" Asterión. Éste, en su soledad, en su exilio y su distinción aparentemente sólo mental, se encuentra meditabundo, creyendo entenderlo todo y conocer perfectamente su entorno. Vaya sorpresa la que se llevaría su espíritu si se desdoblara hacia afuera.

Luego de haber leído El Aleph y El Lobo Estepario (el primero, del escritor ya mencionado, el segundo, de Herman Hesse) es que la interpretación de mi interpretación se hizo clara y más fácil. Quien lleva a cabo una labor tan cruel como la extinción de la vida -propia o ajena- encerrado en sí mismo y viendo a la luna como algo intocable e insondable, no entiende claramente en dónde se encuentra. Trata de descifrarlo y traducirlo a palabras; lo intenta comprender desde donde halla el hogar de su espíritu y falla en sintetizar ese increíble exceso de estímulos. Ciertamente sabe dónde vive y dónde mata, pero aún no sabe dónde más puede estar. No es necesario devorar el aliento de una vida para poderla apreciar con nuevos sentidos (el 6º y el 7º sentido incluidos).

Es así como el egonauta Asterión se encuentra a sí mismo, no sólo en su efigie sino en la de los demás, y trasciende así las barreras que le han impuesto su cuerpo y su alma.