
Hace ya varios años que George Frederick Watts pintó su "Minotauro", durante una época que se hallaba entre el idealismo que le precedía y la innovación que le había de seguir. Un tiempo después e inspirado por esa pintura, Jorge Luis Borges -tan fantástico como filosófico- escribiría el cuento corto que titula esta entrada.
Ahora presento este dibujo de autoría propia y de inspiración idéntica a la de Borges. Ambos tienen algo en común: la introspección. Sin embargo, es el autor argentino quien agrega profundidad al "egonauta" Asterión. Éste, en su soledad, en su exilio y su distinción aparentemente sólo mental, se encuentra meditabundo, creyendo entenderlo todo y conocer perfectamente su entorno. Vaya sorpresa la que se llevaría su espíritu si se desdoblara hacia afuera.
Luego de haber leído El Aleph y El Lobo Estepario (el primero, del escritor ya mencionado, el segundo, de Herman Hesse) es que la interpretación de mi interpretación se hizo clara y más fácil. Quien lleva a cabo una labor tan cruel como la extinción de la vida -propia o ajena- encerrado en sí mismo y viendo a la luna como algo intocable e insondable, no entiende claramente en dónde se encuentra. Trata de descifrarlo y traducirlo a palabras; lo intenta comprender desde donde halla el hogar de su espíritu y falla en sintetizar ese increíble exceso de estímulos. Ciertamente sabe dónde vive y dónde mata, pero aún no sabe dónde más puede estar. No es necesario devorar el aliento de una vida para poderla apreciar con nuevos sentidos (el 6º y el 7º sentido incluidos).
Es así como el egonauta Asterión se encuentra a sí mismo, no sólo en su efigie sino en la de los demás, y trasciende así las barreras que le han impuesto su cuerpo y su alma.
Ahora presento este dibujo de autoría propia y de inspiración idéntica a la de Borges. Ambos tienen algo en común: la introspección. Sin embargo, es el autor argentino quien agrega profundidad al "egonauta" Asterión. Éste, en su soledad, en su exilio y su distinción aparentemente sólo mental, se encuentra meditabundo, creyendo entenderlo todo y conocer perfectamente su entorno. Vaya sorpresa la que se llevaría su espíritu si se desdoblara hacia afuera.
Luego de haber leído El Aleph y El Lobo Estepario (el primero, del escritor ya mencionado, el segundo, de Herman Hesse) es que la interpretación de mi interpretación se hizo clara y más fácil. Quien lleva a cabo una labor tan cruel como la extinción de la vida -propia o ajena- encerrado en sí mismo y viendo a la luna como algo intocable e insondable, no entiende claramente en dónde se encuentra. Trata de descifrarlo y traducirlo a palabras; lo intenta comprender desde donde halla el hogar de su espíritu y falla en sintetizar ese increíble exceso de estímulos. Ciertamente sabe dónde vive y dónde mata, pero aún no sabe dónde más puede estar. No es necesario devorar el aliento de una vida para poderla apreciar con nuevos sentidos (el 6º y el 7º sentido incluidos).
Es así como el egonauta Asterión se encuentra a sí mismo, no sólo en su efigie sino en la de los demás, y trasciende así las barreras que le han impuesto su cuerpo y su alma.
Lo más importante es trscender esas barreras y lograr encontrar lo que realmente te gusta hacer y lo que, sin darte cuenta, deseas hacer!
ResponderEliminarSentir y escribir, ver y expresar, con los ojos del alma o los ojos de la experiencia de otros, ver lo que pasa, decirlo a como lo sientes, darle importancia a lo que ya es cotidiano, traducirlo no solo a palabras sino a letras.
ResponderEliminarLas Crónicas de Ovidio!
ResponderEliminarEstán muy buena la pintura de Asterión. La sensación de la desolación, el desvanecimiento del presente en el ocaso.
Espero ver mas entradas en tu blog.
Saludos