viernes, diciembre 26

La Casa de Asterión


Hace ya varios años que George Frederick Watts pintó su "Minotauro", durante una época que se hallaba entre el idealismo que le precedía y la innovación que le había de seguir. Un tiempo después e inspirado por esa pintura, Jorge Luis Borges -tan fantástico como filosófico- escribiría el cuento corto que titula esta entrada.

Ahora presento este dibujo de autoría propia y de inspiración idéntica a la de Borges. Ambos tienen algo en común: la introspección. Sin embargo, es el autor argentino quien agrega profundidad al "egonauta" Asterión. Éste, en su soledad, en su exilio y su distinción aparentemente sólo mental, se encuentra meditabundo, creyendo entenderlo todo y conocer perfectamente su entorno. Vaya sorpresa la que se llevaría su espíritu si se desdoblara hacia afuera.

Luego de haber leído El Aleph y El Lobo Estepario (el primero, del escritor ya mencionado, el segundo, de Herman Hesse) es que la interpretación de mi interpretación se hizo clara y más fácil. Quien lleva a cabo una labor tan cruel como la extinción de la vida -propia o ajena- encerrado en sí mismo y viendo a la luna como algo intocable e insondable, no entiende claramente en dónde se encuentra. Trata de descifrarlo y traducirlo a palabras; lo intenta comprender desde donde halla el hogar de su espíritu y falla en sintetizar ese increíble exceso de estímulos. Ciertamente sabe dónde vive y dónde mata, pero aún no sabe dónde más puede estar. No es necesario devorar el aliento de una vida para poderla apreciar con nuevos sentidos (el 6º y el 7º sentido incluidos).

Es así como el egonauta Asterión se encuentra a sí mismo, no sólo en su efigie sino en la de los demás, y trasciende así las barreras que le han impuesto su cuerpo y su alma.